Resumen2
EI apasionante tema de la construcciĂłn del Ferrocarril Mexicano nos lleva a reconstruir las polĂ©micas que se desataron en torno al trazo, los problemas que la empresa enfrentĂł, tanto de tecnologĂa como de intereses creados de un cĂrculo de “notables”, de empresarios locales. La forma en que se resolviĂł el trazo desnuda los intereses de una red formada por los EscandĂłn, dueños de diligencias y de empresas del ferrocarril. Durante muchos años la historiografĂa sostuvo el desdĂ©n de los poblanos para que el ferrocarril pasara por Puebla, ÂżquiĂ©nes eran los que se opusieron? y ÂżquiĂ©nes estaban a favor? Son las preguntas que guĂan los siguientes renglones. Las actas de cabildo del Archivo General del Ayuntamiento, asĂ como los fondos SCT y Fomento, localizados en el Archivo General de la NaciĂłn, proporcionan otra lectura.
Palabras clave: Ferrocarril Mexicano, Antonio EscandĂłn, Manuel EscandĂłn, Puebla, Concesiones.
Abstract
The exciting topic of the construction of the Mexican Railroad leads us to reconstruct the controversies that broke out around the line, the problems that the company faced, both from technology and from vested interests from a circle of “notables”, such as the interests of local businessmen. The way in which the naked outline of the interests of a network formed by the Escandón family, owners of coaches and railroad companies, was resolved. For many years historiography preserved the disdain of the people of Puebla for the railroad to pass through Puebla, who were the ones who opposed? and who were in favor? These are the questions that guide the following lines. The minutes of the town council of the General Archive of the City Council, such as the SCT and Fomento funds, located in the General Archive of the Nation, provide another reading vision.
Keywords: Mexican Railway, Antonio EscandĂłn, Manuel EscandĂłn, Puebla, Concessions.
El estado de las comunicaciones en la primera mitad del siglo XIX
Ni tan menudos problemas enfrentaron los vecinos, avecindados y visitantes en la Puebla de la primera mitad del siglo XIX. Uno de esos –además de lo econĂłmico, violencia, asaltos, ausencia de lugares dignos de hospedaje–, fue el transporte. DespuĂ©s de la guerra de Independencia la ciudad quedĂł destruida, lamentablemente los siguientes años no fueron mejores y los recursos para aplicarlos en mejoras de los caminos carreteros escasearon. Los viajeros mexicanos y extranjeros muestran esos difĂciles avatares que sorteaban al desplazarse por diligencias o carromatos en largas distancias. Lorenzo Zavala, reciĂ©n regresado de Europa, es restablecido en el Gobierno del Estado Libre de MĂ©xico. A fines de 1833 le nombran Ministro Plenipotenciario en ParĂs. Se embarca en Veracruz y de esa travesĂa escribe sus impresiones al llegar a Puebla, en mayo de 1830:
Paramos en casa de D. Domingo Couto, vecino rico de la ciudad, cuya familia llena de urbanidad, nos consolĂł en parte de los pasados sufrimientos. AĂşn no se habĂa establecido la carrera de diligencias que hoy existe entre Puebla, Jalapa y Veracruz, y se hacĂa entonces el camino en diez o doce dĂas con las mayores incomodidades, pues no habĂa ninguna posada en que pudiese descansar el pasajero, no digo con decencia, pero ni aun con las comodidades más comunes, como cama, sillas, mesas, vasos, platos, etc.3
Su impresiĂłn sobre Jalapa es totalmente distinta. En 1843, Manuel Payno explĂcita muchos más comentarios sobre las peripecias de su viaje de Jalapa a Veracruz, cuando partirĂa a Escocia; entonces la travesĂa le pareciĂł larga y sinuosa: “Debes suponer que la noche es molestĂsima: el sueño obliga a los párpados a cerrarse; pero el calor, el vaivĂ©n del coche y la estrechez de los asientos, mantienen al viajero en una dolorosa vela”.4 Aunque Manuel Payno viaja en diligencia, que no por serlo dejaba de ser incĂłmoda, estrecha.
Otros viajeros se detuvieron en hablar de la inseguridad del viaje, en los asaltos, en los lodazales, en lo intransitable de los caminos. De los asaltos en caminos donde los bandoleros se volvĂan famosos, segĂşn fuera la ruta por donde transitaban. Mas los siguientes años no hubo mejoras en estos y el negocio de las diligencias se convirtiĂł en prĂłspero monopolio de transporte terrestre, tanto que los hermanos EscandĂłn invirtieron su capital, y especialmente Antonio EscandĂłn volviĂł casi un monopolio este negocio.
Las circunstancias de inseguridad hicieron que la gente pensara en la conveniencia de que las diligencias fueran escoltadas. Esto dio pie para que “el servicio” lo proporcionaran los mismos maleantes, de lo cual resultaba –dependiendo de la paga y la amistad que tuvieran con el contratante– que ejercieran una salvaguarda efectiva.5
En mayo de 1833, Manuel EscandĂłn comprĂł un negocio de diligencias a una empresa norteamericana. Al mes siguiente, los comerciantes y especuladores, Antonio Garay, Francisco Gámez y Anselmo Zurutuza –todos ellos con intereses en el estado de Veracruz, principalmente en el puerto–, se asociaron con aquel, formando una compañĂa. La sociedad fue propietaria de la primera compañĂa mexicana en el ramo del transporte denominada Diligencias Generales. La empresa construyĂł, habilitĂł y rentĂł mesones, posadas y paradores; estableciĂł acuerdos y contratos con sus propietarios para que recibieran a las diligencias y a sus ocupantes. La ruta MĂ©xico-Veracruz fue desde siempre la más transitada por ser Veracruz el principal puerto hacia el PacĂfico y, por tanto, hacia Europa; una ruta que potenciĂł el comercio interior con el exterior.
No todo se hacĂa en diligencias, y sin menospreciar, el transporte a larga distancia de mercancĂas se realizaba en recuas, los arrieros monopolizaban los envĂos, por eso algunos de ellos eran propietarios de hasta 250 animales. TodavĂa durante más de la mitad del siglo XIX se mantuvo este medio de transporte como el principal. Los carruajes y carros se utilizaban en menor medida, y aunque algunas diligencias eran cĂłmodas, los caminos volvĂan incĂłmodo y a veces molesto el viaje. Como el transporte era de tracciĂłn animal habĂa postas donde cambiar a los animales para que descansaran. Era comĂşn encontrar tambiĂ©n mesones en las ciudades y en las orillas de los caminos. Eran lugares donde hospedarse y reponerse del pesado trayecto. En Puebla habĂa varios mesones, además de la afamada Casa de las diligencias.
A medida que avanzaba la primera mitad del siglo, los caminos cada vez eran más intransitables, como lo expresĂł el francĂ©s de nombre Domenech Emanuel en su visita a Puebla en el año de 1866, cuando describĂa el camino MĂ©xico a Veracruz de la siguiente manera:
Antes de llegar a Puebla, atravesamos varios antiguos pueblos indios, inundados entonces por las aguas del cielo. Amozoc convertido en Venecia salvaje, tenĂa en lugar de calles y canales, verdaderas charcas para patos, en las cuales chapoteábamos y quedamos atascados varias veces […].6
Su relato da cuenta del lamentable estado en que estaba esta ruta al afirmar:
“De Amozoc a Puebla el camino estaba blandamente cubierto de un metro de lodo negro, espeso, que nos obligaba a detenernos a cada instante para dejar reposar a nuestras mulas. Hoy el emperador lo ha mandado a reparar; esta más o menos bueno”.7
AsĂ que el ferrocarril solucionarĂa añejos problemas.
Hasta 1862 se escuchaba hablar constantemente de los caminos de hierro. Si bien el proyecto de Francisco de Arrillaga de 1837 no avanzĂł, desde entonces señalĂł que el ferrocarril serĂa la arteria principal de una gran ciudad que se llamarĂa MĂ©xico-Puebla-Veracruz. Durante el año de 1857 hubo una actividad más entusiasta de los ferrocarriles, y fue Antonio EscandĂłn y la compañĂa Imperial del Ferrocarril Mexicano, formada el 18 de agosto de 1864,8 la que logrĂł avanzar la construcciĂłn de este ferrocarril, que serĂa despuĂ©s el Ferrocarril Mexicano, cuya construcciĂłn recibiĂł muchas crĂticas y de diferente tipo.9
Desde luego, debemos partir de la CompañĂa AnĂłnima del Ferrocarril de MĂ©xico a Puebla, creada conforme al artĂculo con que el concesionario del privilegio, Antonio EscandĂłn, pasa los derechos que obtuvo a esta nueva compañĂa, segĂşn decreto del 5 de abril de 1861; sobre todo, se refiere a la parte correspondiente al tramo que corre de MĂ©xico a Puebla. SegĂşn los estatutos refieren textualmente:
III. el contrato que celebrĂł con D. Manuel EscandĂłn el dĂa 16 de abril de 1860, por el cual se obliga este segundo, bajo las estipulaciones allĂ contenidas, a construir el repetido tramo, edificar sus estaciones, talleres & c. y surtirlo de las máquinas y trenes necesarios para ponerlo en estado de explotaciĂłn.
En su artĂculo 8° especifica: “pero solo en lo relativo a la construcciĂłn y explotaciĂłn del tramo que corre de MĂ©xico a Puebla”.10 El contrato citado muestra no solo el interĂ©s por construir un ferrocarril que uniese Puebla, sino el que haya quedado estipulado en los estatutos de la compañĂa, cuya duraciĂłn serĂa de cinco años. Se nombrĂł un consejo de administraciĂłn y se firmĂł ante el Ministerio de Fomento, colonizaciĂłn, industria y comercio de la RepĂşblica el 18 de mayo de 1861. Cierto que en el corto plazo no se señalĂł el trazo.
Algunas evidencias localizadas en el Archivo General Municipal, que datan de 1861, muestran el interés por este ferrocarril:
El Ayuntamiento ha tenido a bien acordar se tomen diez acciones por cuenta de sus fondos en la empresa del ferro-carril que trata de ponerse de esta capital para la de México, por ser una de las obras materiales que deben traer a la población positivas ventajas; y lo digo a V. por acuerdo de la misma corporación para que se sirva impetrar del Superior Gobierno la licencia necesaria para dicho gasto.11
Este acuerdo se ratifica nueve dĂas despuĂ©s: “Se aprueba por el gobierno el Gasto de las diez acciones que deben tomarse en la empresa del ferro-carril, por cuenta de los fondos municipales, y se manda dar conocimiento a la tesorerĂa”.12
Lo que impidiĂł retomar este acuerdo fueron las condiciones mismas en que quedaron las arcas despuĂ©s de la intervenciĂłn francesa, en 1862 y 1863. El Ayuntamiento ni siquiera habĂa podido mejorar el empedrado de las calles, como se acordĂł en reuniĂłn de cabildo en abril de 1861.
Como la escasez de los fondos de propios no permite al E. Ayuntamiento atender como quisiera el ramo de empedrados de las calles que entre otros es a su cargo y que se encuentra en tan malĂsimo estado, ha tenido a bien acordar en la sesiĂłn de ayer se recuerde a V. S. el cumplimiento de la disposiciĂłn de contribuciones sobre carruajes que se le previno por el jefe del estado, hiciese efectiva, pasándosele el expediente formado sobre dicho ramo, para que aproveche si quiere, el Ăşltimo acuerdo de la corporaciĂłn.13
Si bien la batalla del 5 de mayo de 1862 fue un vĂ©rtice de uniĂłn para los mexicanos, los gastos realizados dejaron las arcas del gobierno municipal, como las del Estado, en saldos rojos, más aĂşn despuĂ©s del sitio de 1863 la situaciĂłn econĂłmica empeorĂł.14 Pese a que a la vuelta del año el Ayuntamiento no contaba con recursos para apoyar la construcciĂłn del camino de hierro, los acuerdos tomados por la E. CorporaciĂłn hacen ver el profundo interĂ©s por comunicar a la capital de Puebla con Acatzingo. Los acuerdos tomados en reuniĂłn de cabildo desde los primeros dĂas de 1864 muestran un empuje, a sabiendas que la compañĂa Imperial del Ferrocarril Mexicano pasarĂa a ser adquirida por la empresa en Londres:
Se nombrará una comisión que sin pérdida de tiempo se dirija al Señor Almazán que está actualmente en México suplicándole que a nombre de esta E. Corporación recabe del representante de la empresa del camino de hierro la seguridad de que pase por esta ciudad el camino principal, si por parte de este municipio se costea el tramo referido, arreglando al mismo tiempo cuanto sea conducente a ese negocio.15
Se acuerda incluso la cantidad que se va a destinar a la adquisiciĂłn de acciones: “[…] pase el camino por esta ciudad costeando el tramo de ella, hasta Acatzingo, el costo ascenderá a setecientos y ochocientos mil pesos que podrĂan proporcionarse por medio de acciones, lo que hacĂa presente para que se vea que la autoridad de Puebla no ha descuidado de este negocio”.16
Mas esta iniciativa se detuvo hasta en tanto se realizará un nuevo dictamen: “hasta que los señores Almazán y EscandĂłn lo informen segĂşn las instrucciones que reciban de la CompañĂa, que saben se trata de formar en Europa para encargarse de todo el camino en general, pues aprovechando la oportunidad de haber pasado a la Capital tuvieron con dichos señores varias conferencias, habiendo quedado por fin”.17
Mientras tanto, en septiembre de ese año se tomaron dos acuerdos para avanzar en este proyecto:
1a Se levantará el plano de trayecto que debe seguir entre esta ciudad y Acatzingo el camino de fierro que en la actualidad se construye de Veracruz a MĂ©xico, a cuyo efecto se ministrarán por la tesorerĂa municipal mil cuatrocientos noventa y siete pesos, que debe tener el costo de ese plano incluso el instrumental conforme al presupuesto presentado por el Señor Pascual Almazán en 29 de febrero Ăşltimo.
2a Por los conductos legales se recabará del Señor prefecto Superior PolĂtico la autorizaciĂłn de este gasto18
Cuatro dĂas despuĂ©s la suma destinada para el pago del proyecto fue disminuida “de 1,497 pesos para levantar el plano del trayecto que debe seguir entre esta ciudad y Acatzingo, el camino de fierro de Veracruz a MĂ©xico. Ha quedado reducido dicho gasto a 1,125 pesos por ser menos los instrumentos necesarios”.19 Pese a la disminuciĂłn acordada se refuerza el interĂ©s por la construcciĂłn, y se da cuenta de este gasto a la ComisiĂłn respectiva y a la tesorerĂa municipal.20 Para asegurar el paso del ferrocarril por la ciudad se nombrĂł una comisiĂłn que irĂa a la Corte a tratar el asunto del ferrocarril.21
Dejemos por un momento los acuerdos en cabildo, para entender lo que ocurrĂa allende el E. Ayuntamiento. Conviene entonces recapitular cĂłmo se decidiĂł el trazo del ferrocarril por parte de la empresa: el principal motivo del viaje de Antonio EscandĂłn a Estados Unidos a fines de 1857 fue seleccionar un ingeniero competente para entregarle el levantamiento topográfico de la ruta entre Veracruz y MĂ©xico, y Ă©ste fue Andrew Talcott, quien tenĂa una experiencia importante al haber trabajado en los Ferrocarriles New York and Eire.22 Aunque serĂa el ingeniero Talcott quien “definió” que la ruta del ferrocarril pasara por Orizaba, es obvio que fueron los EscandĂłn quienes definieron el trazo que pasarĂa por su fábrica textil Cocolapan, cerca de Orizaba, y la decisiĂłn provocĂł violentas protestas.23
A mediados de 1861, la legislatura local de Veracruz dio facultades para negociar con EscandĂłn sobre la construcciĂłn del ferrocarril dentro del estado de Veracruz. AsĂ se crearon dos compañĂas, la de Veracruz a Orizaba y la de MĂ©xico y Puebla, cuyo Ă©xito fue limitado dados los problemas para cubrir las erogaciones para la construcciĂłn. “Por otra parte el monto de capital reunido en Europa mediante la venta de acciones en 1864-1865 pone muy en duda la exactitud de llamar británica a la firma”.24 Se formĂł en Londres un consejo de administraciĂłn en el que figuraban seis hombres de negocios ingleses, junto con Antonio EscandĂłn, su suegro y su socio Eustaquio BarrĂłn; y, el 19 de agosto de 1864, EscandĂłn cediĂł la franquicia a la reciĂ©n fundada compañĂa en Londres, con ello quedaron disueltas las dos compañĂas formadas. Dicho lo anterior, queda claro que el trazo estaba decidido por parte de la empresa.
Se reanudĂł la construcciĂłn en 1865 y se inaugurĂł la lĂnea de Veracruz a Paso del Macho, distante setenta y siete kilĂłmetros del puerto. El material rodante existente consistĂa en once locomotoras y ciento nueve vagones, tanto de pasajeros como de carga. Pese a los avances, todos esos años y los siguientes el transporte lo resolvĂa el sistema de diligencias. Una anĂ©cdota viene al caso, en 1864, cuando llegan Maximiliano de Habsburgo y Carlota a Veracruz, además de toparse con un gran recibimiento, subieron al ferrocarril y llegaron en Ă©l solo a TejerĂa:
Entre las primeras experiencias que les tocĂł vivir estuvo la de los caminos y transportes. Porque despuĂ©s de TejerĂa, hasta donde llegaba la vĂa del ferrocarril veracruzano, la pareja imperial y su sĂ©quito abordaron diligencias; la de ellos aparentaba ser la mejor, pero debido al mal estado del camino –empeorado por la torrencial lluvia que estaba cayendo– una rueda se les rompiĂł antes de llegar a CĂłrdoba.25
En ese año partĂan doce rutas de la Ciudad de MĂ©xico hacia los estados de Veracruz, Jalisco, Puebla, Hidalgo, Guanajuato, QuerĂ©taro, San Luis PotosĂ, Michoacán, asĂ como a Toluca, Cuernavaca y Tepic (a la cual llamaban “del Interior”).26 Por esta razĂłn podemos considerar que esta regiĂłn se encontraba muy bien comunicada.
Otro aspecto que debemos considerar es la competencia entre los empresarios de ferrocarriles: en 1865 la ciudad de Veracruz contaba con un ferrocarril urbano, propiedad de RamĂłn Zangroniz (y futuro concesionario del ferrocarril a Jalapa), quien habĂa obtenido el permiso de tender rieles desde los muelles hasta la estaciĂłn provisional del ferrocarril.27 La existencia de este ferrocarril urbano adquiere varios significados, el primero es la laxitud del gobierno local para apoyar estas construcciones, y el aprovechamiento de Zangroniz para sacar ventaja de esta situaciĂłn. La disputa que causĂł entre el ingeniero William LIoyd y el ayuntamiento de Veracruz fue tan fuerte, al grado que el ingeniero amenazĂł con no construir la estaciĂłn en la ciudad.
Siguiendo el hilo conductor de los ferrocarriles urbanos, desde 1865, en el E. Ayuntamiento de Puebla hicieron llegar peticiones de particulares, como la de los señores Kimball Keilh y compañĂa pidiendo permiso para establecer un ferrocarril urbano con carruajes tirados por potencia de sangre, pero la decisiĂłn a esta peticiĂłn se pospuso debido a la escasez de recursos. Fue hasta 1879 cuando los hermanos Leonardo y Mariano Fortuño hicieron esta peticiĂłn, presentaron su proyecto, mismo que les fue aprobado y el tranvĂa corriĂł su primer recorrido el 5 de mayo de 1880.28 Pese a la aclaraciĂłn de que el proyecto del ferrocarril urbano se materializa años despuĂ©s, parece pertinente remitirnos a la peticiĂłn de los señores Kimball Keilh:
Se dio cuenta de un dictamen relativo a la solicitud presentada por los señores Kimball Keilh y compañĂa pidiendo permiso para el establecimiento de un ferrocarril urbano en las calles de esta ciudad. Puesto a discusiĂłn se aprobĂł la primera proposiciĂłn que dice:
1a Se nos conceda permiso para establecer caminos de ferrocarril urbano en las calles y alrededores de esta ciudad con carruajes tirados por potencia de sangre en aquellas y de vapor en estos.
A mociĂłn del señor SĂndico más antiguo se suspendiĂł la discusiĂłn de este negocio para el siguiente cabildo29
Como ya se adelantaba la construcción de un ferrocarril urbano se pospuso varios años.
De la construcciĂłn del ferrocarril
La exorbitante cantidad de trabajadores que contrataron para la construcción del ferrocarril imperial, custodiado por el propio ejército francés, con más de quince mil trabajadores, da idea de la magnitud de este ferrocarril. Numerosas cuadrillas que durante ese año de 1865 laboraban:
un tren especial, entre otros que se usaron para el rápido transporte de soldados, sufriĂł el primer accidente importante en la historia del Ferrocarril Mexicano. De primeras se dijo que en el descarrilamiento del 15 de marzo habĂan muerto o resultado heridos trescientos soldados cerca de la localidad de Purga, informes posteriores redujeron las cifras a tres muertos y dieciocho heridos graves y la pĂ©rdida de la locomotora y tres vagones.30
Se atribuyĂł la irresponsabilidad al ingeniero y a los guardavĂas.
La construcciĂłn enfrentĂł no pocos problemas, tanto con los propios trabajadores como con guerrillas, segĂşn informes del ingeniero de la empresa. Para el propio Maximiliano y con la presiĂłn de Bazaine, se obligĂł a continuar la construcciĂłn concentrando sus trabajos no lejos de la capital, entre el tramo MĂ©xico-Apizaco. AsĂ, el 1 de agosto de 1866 se iniciĂł el servicio de carga, pero no de pasajeros, en la lĂnea hasta Totolcingo (seis leguas). No hubo ceremonia de inauguraciĂłn, aunque se invitĂł informalmente a Maximiliano a que hiciera el viaje a la nueva terminal.31 Las razones de la discreciĂłn pudieron deberse a que guerrillas habĂan atacado en algunos puntos de la construcciĂłn.
Resulta obvio que la guerra de Reforma afectó la construcción, y esta fue abandonada en septiembre de 1866. Para entonces las relaciones entre el empresario y el imperio se deterioraron, hasta el punto en que se ordenó que Escandón fuera detenido, por lo que tuvo que esconderse. Un segundo momento fue bajo la presidencia de Benito Juárez, cuando se dicta una nueva concesión y se fijan los plazos para la terminación del tramo México-Puebla (31 de diciembre de 1868) y el de Apizaco-Paso del Macho (31 de diciembre de 1871). El 1 de junio de 1869 se puso en servicio el tramo de Apizaco a Santa Ana, y el 16 de septiembre de ese año fue inaugurado el ferrocarril Apizaco a Puebla, en la estación de la ciudad de Puebla. Benito Juárez llega a la capital a la magna inauguración que tendrá lugar el 16 de septiembre.
Regresémonos dos años antes de la inauguración a las sesiones de cabildo: durante el año 1867 se nota la constante preocupación de las autoridades del Ayuntamiento porque el ferrocarril a Veracruz pase por Puebla, son varias las sesiones donde el tema central es el ferrocarril. Crucial fue la decisión, y por razones de espacio nos remitimos solamente al acuerdo:
EI C. Montoya pidiĂł se nombrase una comisiĂłn para solicitar el privilegio de una vĂa fĂ©rrea de esta capital a Nopalucan o Acatzingo y otra de esta ciudad a Matamoros. Se vertieron varias razones en favor de la proposiciĂłn y fue aprobada, manifestando el C. Presidente que el Ayuntamiento debĂa de hacer algo.32
En 1867 se afincaba el gobierno de Juárez y con ello la muerte del Segundo Imperio; y un nuevo acuerdo fue firmado, con Ă©ste desapareciĂł la CompañĂa Limitada del Ferrocarril Imperial de MĂ©xico que, con algunas modalidades, se transformĂł en el Ferrocarril Mexicano, no con capital mayoritariamente mexicano. El señor Tomás Braniff fue invitado a trabajar como director en la CompañĂa del Ferrocarril Mexicano, y por estatutos se requerĂa que para ser director debĂa poseer por lo menos cien acciones, las cuales tenĂa y aceptĂł.33 De su testamento se desprende que con ello Braniff podrĂa invertir en empresas más productivas el dinero que tenĂa en acciones del Ferrocarril Mexicano. Hasta ese momento el ferrocarril llegaba a TejerĂa y a Paso del Macho.

En Puebla las sesiones de enero de 1868 dan cuenta del interĂ©s de algunos regidores porque se resolviese el asunto del ferrocarril, por ello se insistiĂł se nombrase una comisiĂłn.35 La cuestiĂłn no quedaba en manos de las autoridades municipales, sino en las del Estado. Nuevamente en reuniĂłn de cabildo, en el mes de noviembre, se volviĂł a tratar lo del ferrocarril, en esta ocasiĂłn a peticiĂłn del gobernador del estado. En la exposiciĂłn de los puntos de acuerdo se hace más explĂcito el trazo que ya llevaba hacia otro ferrocarril, al mencionarse que Ă©ste se unirĂa al ferrocarril de Zangronis. Desde luego, sobresalen las opiniones a favor de los beneficios que reportarĂa Ă©ste ferrocarril; vale la pena reproducir Ăntegramente los acuerdos:
[..] tomando la palabra el jefe del estado quien sustancialmente manifestĂł lo importante que serĂa para Puebla el establecimiento de una lĂnea fĂ©rrea tirada desde esta ciudad, por lo pronto hasta Amozoc y de ahĂ segĂşn conviniera en el porvenir a onde segĂşn la ruta que llevara la vĂa de la compañĂa inglesa, ya para unirse a la de Zangronis, ya para fijar el tĂ©rmino en un punto dado que estos trabajos importarĂan nada menos que la reanimaciĂłn de la industria mercantil en el Estado, amortiguada por los sucesos de guerra que han pesado sobre todo el paĂs: para que el complemento para este proyecto de vital necesidad creĂa conveniente invitar al Ayuntamiento a fin de interesada su conocida adhesiĂłn a las mejoras de utilidad comĂşn y que tanta honra atraen a sus promovedores, en uso de las facultades municipales de que la corporaciĂłn está investida con arreglo a los preceptos de la constituciĂłn del Estado, tenga a bien acordar su cooperaciĂłn a esta obra de la manera y en la escala de las posibilidades de los fondos sufraguen. El C. jefe polĂtico interpretando los sentimientos de la CorporaciĂłn manifestĂł; que era de toda la aprobaciĂłn del ayuntamiento la propuesta, que se asociaba al proyecto de ferrocarril y que contribuirĂa con lo que fuera posible al planteamiento de esa mejora, cuyos resultados de utilidad y de bien, levantarĂan el estado de Puebla a la altura que merece por su situaciĂłn y por sus elementos de riqueza hoy enervados.
Por su parte, el C. gobernador manifestĂł que le era satisfactorio advertir, tanto el agrado con que se habĂa recibido su iniciativa, como la buena disposiciĂłn en que se encontraba la CorporaciĂłn para contribuir al establecimiento de una de las mejoras más importantes en la presente Ă©poca. Retirado el C. gobernador, el C. jefe polĂtico hizo la proposiciĂłn siguiente:
Se autoriza a la comisión de hacienda para contratar con el C. Juan Tamborrell la compra de durmientes para el camino de fierro proyectado, y cuyo pago se hará con lotes de los exconventos que corresponden al municipio, valor por valor. Tomada en consideración fue discutida y aprobada con sólo la adición “de que siendo un peso el valor de cada durmiente, según se sabe deben servir de base a la comisión para contratar”.
El C. Jefe polĂtico hizo una advertencia que era necesaria: coadyuvar al establecimiento de la vĂa fĂ©rrea, tanto porque era una mejora material, cuanto porque los valores que emplease el ayuntamiento en la empresa, se le reconocerĂan en sus fondos y que esto serĂa de suma utilidad, que por lo pronto no se le manifestarĂa al gobierno los elementos con que se proponĂa contribuir el ayuntamiento porque era necesario coordinarlos, y por lo mismo habĂan iniciado el negocio de los durmientes para que mientras se arreglaba, pudiera pensarse en lo demás. Con lo que terminĂł el acto al que asistieron los CC Jefe polĂtico, Arrioja, Montoya, Bolaños, Ybáñez, Alatriste, Careto, Novoa, Osorio, Campos, Avalos, Rivero y RodrĂguez. Doy fe.36
El acuerdo de los regidores apoyarĂa la construcciĂłn de un camino de hierro hacia Amozoc, despuĂ©s serĂa el Puebla-San Marcos y el otro serĂa el Puebla a IzĂşcar de Matamoros. Los dos ferrocarriles serĂan de vĂa angosta y tracciĂłn de sangre.37
No aparecen otros acuerdos en torno a esta decisiĂłn, por parte del Ayuntamiento, pero sĂ en 1869, cuando se avecinaba la inauguraciĂłn de la estaciĂłn del Ferrocarril Mexicano, se realiza una reuniĂłn expresa para tratar “Sobre recepciĂłn el 16 de septiembre. Esta sesiĂłn inicia a las nueve y treinta minutos de la noche”. Con la ausencia de varios regidores, se retoma lo manifestado por la presidencia del ciudadano Jefe PolĂtico, quien manifestĂł el sentimiento que le causaba el que no hubiera el nĂşmero suficiente de ciudadanos regidores para tratar asuntos de interĂ©s al municipio, entre los que consideraba el compromiso que resultaba a la corporaciĂłn para recibir a las primeras autoridades al Gobierno general para el prĂłximo dĂa 16 de setiembre, en que con motivo del estreno de la estaciĂłn en esta ciudad del ferrocarril tienen aquellos que venir, y este acontecimiento pone a la CorporaciĂłn en el compromiso de hacer al Presidente de la RepĂşblica una recepciĂłn digna hasta donde alcancen los pocos recursos de que se puedan disponer, para lo cual proponĂa se nombrase una comisiĂłn que se encargase de esos trabajos y se asociase a la Junta PatriĂłtica de esta ciudad para que uniesen sus recursos y ambos precursores hacer con sus fondos mutuos más lucida la recepciĂłn.38
El 26 de agosto se reuniĂł la Junta PatriĂłtica de la ciudad de Puebla –integrada por representantes industriales, comerciantes y personalidades ilustres– con el gobernador del estado para presentar el programa de las fiestas del 15 y 16 de septiembre, que darĂa comienzo por la celebraciĂłn del primer grito de Independencia y la inauguraciĂłn de la vĂa fĂ©rrea mediante un bando nacional.39
En los inicios del mes de septiembre se acordaron resoluciones sobre afectaciones a calles que cerrĂł la empresa del ferrocarril. Fueron temas que se trataron, ya que esta habĂa cortado y cerrado la entrada de varias calles por donde habĂa hecho pasar su tramo; acordándose lo siguiente:
Se faculta suficientemente a la comisiĂłn especial, que se nombra al efecto compuesta de los CC: jefe polĂtico Anaya, SĂndico Párraga y concejales Torres y Arrioja para arreglarse con la compañĂa del ferrocarril sobre la indemnizaciĂłn que debe dar Ă©sta al Ayuntamiento por las calles que ha inutilizado con su vĂa fĂ©rrea; cuya indemnizaciĂłn debe ser la puesta del alumbrado y embaldosado de aquel rumbo.40
De estas reuniones y acuerdos se desprende que el tema del trazo del Ferrocarril Mexicano habĂa sido cancelado desde 1868, pero jamás se encuentra oposiciĂłn a su paso.
Las argumentaciones
Como ya vimos, desde tiempos tempranos los poblanos manifestaron su interĂ©s. Chapman, en su conocido libro La construcciĂłn del Ferrocarril Mexicano, expresĂł que el ferrocarril pasará por allĂ, y ese mismo año el valle de San Martin ofreciĂł la donaciĂłn de tierra si la compañĂa accedĂa a modificar la ruta, que estaba planeada a travĂ©s de Tlaxcala.41 No solo eso, sino que cuando el Congreso se disponĂa a renegociar la concesiĂłn en 1868, Puebla enviĂł muchos agentes para que trataran de lograr se obligara a la compañĂa a que volviera a hacer pasar la lĂnea troncal por esta ciudad, pese a que ya se habĂa construido una buena parte del ferrocarril hasta Apizaco.42 Los oficios a los que alude coinciden con lo que se abordĂł en Cabildo.
En la historiografĂa sobre este tema encontramos varias argumentaciones sobre la posiciĂłn de los poblanos en contra de la construcciĂłn del Ferrocarril Mexicano, tanto en escritos de la Ă©poca como en posteriores estudios. Una de esas, la más simplista, ha sido la ausencia de las poblanas en las fiestas de inauguraciĂłn del Ferrocarril Mexicano, a partir de lo escrito por Ignacio Manuel Altamirano en CrĂłnicas de las fiestas de setiembre en MĂ©xico y Puebla,43 si bien mujeres de la Ă©lite habĂan cooperado para las fiestas que se organizaron a Carlota y Maximiliano.44 Viene a colaciĂłn la recepciĂłn en Puebla que le hicieron a Carlota con motivo de su cumpleaños:
El 7 de junio se celebrĂł el cumpleaños de MarĂa Carlota Amalia Augusta Victoria Clementina Leopoldina: hubo una solemne misa cantada en la Catedral y despuĂ©s la Emperatriz recibiĂł a las comisiones que fueron a felicitarla, en primer tĂ©rmino, la de las señoras de Puebla presidida por Guadalupe Osio de Pardo. DespuĂ©s los emperadores visitaron los establecimientos pĂşblicos, sorprendiĂ©ndose al ver la biblioteca Palafoxiana. Se intercambiaron obsequios y, en la noche, se les dio un baile en la AlhĂłndiga.45
Es cierto que las Ă©lites conservadoras recibieron con derroche a los emperadores, no habrĂa imperio sin sus cortesanos. Tampoco estaban contentos con el gobierno Juarista, pues no lo habĂan apoyado, pero sin menospreciar la apreciaciĂłn de Altamirano al respecto, podemos considerar que los poblanos no compartĂan el mismo entusiasmo por dos razones: el ramal no unĂa los puntos comerciales de interĂ©s para los empresarios que tenĂan fábricas o haciendas en el estado de Puebla, tan solo pasaba cerca de algunas factorĂas de empresarios españoles, que radicaban y tenĂan inversiones en Puebla. El ramal partĂa de Apizaco, pasaba por Santa Ana Chiautempan, Panzacola, y llegaba a Puebla, como puede advertirse en el plano y perfil del Ferrocarril Mexicano. Hasta entonces solo se encontraban la fábrica El Valor –edificada en 1864–, que era la Ăşnica en el Distrito de Zaragoza del estado de Tlaxcala, y la fábrica La Constancia, fundada por Esteban de Antuñano en 1830, edificada a orillas de la ciudad. Más aĂşn, cuatro fábricas textiles poseĂan hacia 1853-1854 sus propias villas fabriles: La Constancia, La EconomĂa, El Patriotismo y El Molino de Guadalupe.
Muestra de aquel descontento fue la crĂtica de los poblanos, que en 1873 publicaron un panfleto titulado El ferrocarril Mexicano. Pequeños estudios sobre economĂa polĂtica al alcance de todos, firmado por C.M.A. Este ataque posiblemente es prueba de la opiniĂłn reinante en las regiones, asĂ como de la desilusiĂłn nacional, porque fue publicado en la ciudad de Puebla, la cual se sintiĂł defraudada cuando la compañĂa decidiĂł que la lĂnea troncal no pasara por ella.46
Por otra parte, aquellos ferrocarriles cuyas concesiones habĂan sido aprobadas en la RepĂşblica restaurada fueron afectados en la primera administraciĂłn de Porfirio DĂaz. El ministro de Fomento, Vicente Riva Palacio, vio tres soluciones para apoyar la construcciĂłn de las vĂas fĂ©rreas: la primera era la administraciĂłn, o sea, las obras se harĂan directamente por el gobierno federal; la segunda, los contratos celebrados con los gobiernos de los Estados; y, por Ăşltimo, la ya seguida de concesiones a empresas particulares. La polĂtica ferroviaria tomĂł en cuenta la segunda y tercera opciĂłn para apoyar la construcciĂłn de las lĂneas locales, adquiridas muchos años despuĂ©s por las compañĂas inglesas del Ferrocarril Interoceánico y el Ferrocarril Mexicano del Sur.
Los hacendados y empresarios tenĂan otra opciĂłn de caminos de hierro, por ejemplo, el que unirĂa el sur del estado con Morelos. El decreto más antiguo que dio origen a la lĂnea fĂ©rrea de tracciĂłn animal, que iba de Puebla a IzĂşcar de Matamoros, es del 8 de enero de 1866, emitido por Maximiliano el Emperador de MĂ©xico. Fue concedido a los señores Numa DousdebĂ©s, Julio Ziegler y RamĂłn Zangronis, y otorgaba el privilegio exclusivo para la explotaciĂłn y construcciĂłn por setenta y cinco años de un ferrocarril de Puebla hasta el mar PacĂfico, pasando por Atlixco, Matamoros IzĂşcar y Valle de Atoyac, aprovechándose la navegaciĂłn del rĂo Mexcala. En el decreto se estipulaba que la lĂnea Puebla a Matamoros serĂa de tracciĂłn animal, segĂşn acuerdo en vista de los planos y perfiles que presentaran los concesionarios a la SecretarĂa de Fomento, “El Ferrocarril de Puebla hasta Matamoros IzĂşcar deberá estar concluido y puesto en explotaciĂłn el dĂa 1 de enero de 1869”.48

Como ya se ha señalado, las condiciones polĂticas del paĂs, entre ellas el fin del Segundo Imperio, provocaron que todos los decretos emitidos durante ese periodo fueran derogados. Nuevamente, el 29 de septiembre de 1868, por decreto se dispuso se construyera “un camino de fierro, de Puebla al punto en que el rĂo Mexcala comienza a ser navegable, tocando siempre que fuera posible, en las ciudades de Cholula, Atlixco y Matamoros […]”.50 En 1873 se aprueba un siguiente decreto para construir Ă©ste ferrocarril, Ă©ste caduca y es hasta 1878 cuando se retoma. Aunque debe aclararse como punto importante que el Gobierno del Estado de Puebla serĂa el constructor, pues los primeros trabajos de vĂas fĂ©rreas quedaron consignados a cargo del presupuesto destinado a mejoras, asĂ como a los pagos de los empleados y lo que se requiriera. El 6 de mayo de 1878 se celebra un contrato entre Vicente Riva Palacio y el Gral. Juan N. MĂ©ndez, por el que se autoriza al Gobierno del Estado para construir el ferrocarril y en donde se afirma se dividirá en tres secciones de Puebla a Cholula, de Cholula a Atlixco, y de Atlixco a Matamoros.51 El 4 de noviembre de 1878 realmente llegaba de Puebla a Cholula.52
Lo hasta aquĂ abordado permite hacer un parĂ©ntesis para regresar a las reuniones de cabildo, donde lo que se discutĂa era el apoyo a la construcciĂłn del ferrocarril que entroncarĂa, años despuĂ©s, con el Ferrocarril Mexicano y se llamarĂa Puebla a San Marcos, asĂ como el Ferrocarril Puebla a Matamoros. Al mismo tiempo, la construcciĂłn de ferrocarriles urbanos serĂa otro tema de interĂ©s para los regidores, por tratar de que hubiese transporte moderno en la ciudad.
De lo anteriormente escrito, podemos inferir que sĂ habĂa personajes interesados en la construcciĂłn de los ferrocarriles, pero que estos pertenecĂan a los empresarios y hacendados, cuyo interĂ©s era construir un ferrocarril que comunicara sus propiedades con una ruta principal. El Mexicano jamás cumplirĂa sus expectativas. Por esta razĂłn se pusieron de acuerdo con otros empresarios para construir caminos de hierro de vĂa angosta y que se fueran haciendo por ramales.
Antonio EscandĂłn fue el primer concesionario del Ferrocarril Interoceánico Veracruz-Acapulco, segĂşn decreto expedido el 31 de agosto de 1857; en Ă©ste se estipulaba que estarĂa exento de impuestos hasta por cincuenta años.53 Don Antonio adquiriĂł además otros ferrocarriles: el de MĂ©xico-Puerto de Santa Ana, Tamaulipas; el MĂ©xico-Villa de Guadalupe; el Veracruz-MĂ©xico-Acapulco y el ramal a Puebla que contratĂł el 5 de abril de 1861, pero por razones de la guerra de Reforma el Ăşnico proyecto terminado fue el ferrocarril de MĂ©xico a Veracruz.
ÂżQuiĂ©nes, entonces, se opusieron a la construcciĂłn del Ferrocarril Mexicano? Otras argumentaciones como las que señala Emma Yanes, estudiosa de este ferrocarril, es la de 1868 en la Cámara de Diputados de Puebla, que fue escenario del debate y oposiciĂłn contra la revalidaciĂłn de las concesiones, pues con el decreto de 1867 se dejaba sin castigo por el delito de traiciĂłn a los EscandĂłn, quienes apoyaron a los franceses. Otro argumento fue que el Ferrocarril Mexicano se convertirĂa en una empresa monopĂłlica que excluirĂa la participaciĂłn de los empresarios de Puebla. Al no haber competencia la empresa abusarĂa del pĂşblico. Las discusiones llevaron a una propuesta que recibiĂł amplio apoyo del gobierno del estado de Puebla y de empresarios locales interesados en obtener beneficios con el tendido ferroviario. Incluso en febrero de 1868 se formĂł una compañĂa integrada por destacados comerciantes, industriales, agricultores y propietarios de Puebla, para hacer frente a la empresa del Ferrocarril MĂ©xico-Veracruz, en caso de que no fuera ratificado por el Congreso de la UniĂłn el decreto del 27 de noviembre de 1867. Dicha compañĂa habĂa empezado a operar por suscripciĂłn voluntaria. Su junta directiva estaba integrada por los señores: Dionisio de Velasco, Manuel GarcĂa Teruel, Lic. JoaquĂn Ruiz, Manuel PĂ©rez Almendaro, Clemente LĂłpez, Francisco Cabrera y Jorge Berkenhuse. El 24 de febrero la junta comisionĂł a los señores de Velasco, GarcĂa Teruel y Cabrera para viajar a la capital y negociar la concesiĂłn, pero no tuvieron Ă©xito.54
De los anteriormente citados se toma el nombre de Luis GarcĂa Teruel, quien llevĂł a tĂ©rmino la construcciĂłn del Ferrocarril Puebla a IzĂşcar de Matamoros, incluso una estaciĂłn fue denominada Teruel.
En tanto que, a finales de 1867, en la sesiĂłn de cabildo no se anota la discusiĂłn, sino el acuerdo en acta, el cual refiere a que:
Se nombrĂł otra comisiĂłn que se intitulara de Ferrocarril y tiene por objeto activar los trabajos del ramal, proyectar sobre el establecimiento de una vĂa fĂ©rrea de esta capital a Matamoros y hacer todo lo que tienda al adelanto de dichas empresas. Son miembros de esta comisiĂłn los CC. Manuel Azpiros, Francisco Zamacona, Julio Montoya, JosĂ© Ma. Espinosa y Bandini y como auxiliar el C. Regidor Decano.55
En 1867, la ComisiĂłn nombrada tendrĂa que redactar la iniciativa a la Legislatura del Estado, a fin de que “esta apoye aquella cerca del gobierno general y Congreso de la UniĂłn para obtener que se derogue el decreto expedido el 27 de noviembre prĂłximo pasado en la parte que perjudica a los intereses de esta capital”. Finalmente, esto no se logrĂł, ni se pusieron de acuerdo los regidores ahĂ reunidos.56
Acuerdo expreso que delata el interĂ©s de empresarios de construir ferrocarriles que tocaran otros puntos del estado. Una versiĂłn más, que ha sido citada una y otra vez, fue la escrita por Juan Enrique Palacios, en la que dice que los concesionarios habĂan solicitado ayuda pecuniaria del comercio poblano, a cambio de que la vĂa pasara por la ciudad. Reunidos en asamblea, una “Junta de Notables” emitiĂł distintos pareceres, uno de los asistentes resolviĂł la cuestiĂłn, declarando que “la ciudad no reportarĂa más beneficio del paso del tren que el ruido molesto del silbato y el humo de la locomotora”. Desechado incontinente el proyecto de subvenciĂłn a la empresa, el trazo se hizo por Apizaco, quedándose Puebla ligada con un simple ramal al importante sistema ferroviario. Agrega el autor citado: “Dicha anĂ©cdota la oĂmos de labios de uno de los asistentes a la Junta, el abogado poblano JoaquĂn ValdĂ©s Caraveo. Puebla dista de la Capital, por esta vĂa, 186.25 kilĂłmetros”.57 Recalco de su escrito “lo supimos de labios…”, pero no hay documentos.
Lo que sĂ podemos sugerir, a partir de lo analizado, es que los poblanos, especialmente los empresarios y hacendados capitalistas, que fueron asentando sus propiedades y convirtiendo en modernas las fábricas textiles, fueron los interesados en el tendido de los caminos de fierro. Hacia finales de la dĂ©cada de los setenta del siglo XIX, habĂa una railway mania, un interĂ©s por comunicar sus bienes con ferrocarriles. AsĂ que el trazo sugerido por la CompañĂa Imperial del Ferrocarril Mexicano no les interesĂł, independientemente de la discusiĂłn de si estaban con Benito Juárez o con el gobierno imperial. RequerĂan de un trazado como el que propusieron como lĂneas con ramales y de tracciĂłn animal, que años despuĂ©s conectaron con la lĂnea principal del Ferrocarril Interoceánico. Las peticiones se iniciaron en 1858 y las construcciones tuvieron distintas etapas, primero de tracciĂłn animal; en 1891 fueron adquiridas por las empresas inglesas, levantaron esas vĂas para tender unas de mayor peso que aguantaran el paso de locomotoras de tracciĂłn de vapor y asĂ modernizar toda la lĂnea del ferrocarril.
Conclusiones
A lo largo del siglo XIX hubo altas y bajas en la edificaciĂłn de fábricas, algunas desaparecieron, otras crecieron, pero de las que fueron creciendo entre finales del siglo y principios del XX estaban las ubicadas en Metepec, Atlixco, San Martin Texmelucan y, en Puebla, La Constancia y El Mayorazgo. Pero tambiĂ©n los ingenios y molinos, cuya actividad importante se realizaba en el siglo XIX, contribuĂan a la actividad econĂłmica en el estado. Eran los dueños de estas propiedades, de fábricas, haciendas los que pugnaban por la construcciĂłn de los ferrocarriles en el interior del estado de Puebla. Dos factores fueron elementos centrales para ello: la conformaciĂłn de un empresariado textil competitivo, que buscaba mercados externos, y la diversificaciĂłn de su capital para emplearlo en negocios que parecĂan más rentables, como lo prueba la construcciĂłn del camino de fierro de la lĂnea Puebla-IzĂşcar de Matamoros, que se iniciĂł en 1876 (adquirida en 1891 por el Ferrocarril Interoceánico). La manera como se fueron construyendo dos rutas casi paralelas que comunicaron a MĂ©xico con Veracruz y en cuyo paso quedĂł enlazada la ciudad de Puebla, solo se explica por las inquietudes de los propios poblanos y la uniĂłn de intereses con otros empresarios y pudientes de otros estados.
Lo aquĂ mostrado es el interĂ©s del Ayuntamiento porque el ferrocarril pasara por Puebla, tenĂan claros los beneficios que les reportarĂa la construcciĂłn. En las actas dan cuenta que se insiste desde 1861 a 1868, cuando ven la oportunidad de que se construyan otros ferrocarriles, y a instancias del Gobierno del Estado les pide revisen la ruta nuevamente. Una vez que la comisiĂłn es nombrada expresamente para hablar con la compañĂa inglesa del Ferrocarril Mexicano, el avance en la construcciĂłn fue importante en los años del Segundo Imperio, más aĂşn cuando el emperador Maximiliano le provee a EscandĂłn hasta de custodiarlo por el propio ejĂ©rcito francĂ©s, y en la flexibilidad en la ley que apoya la construcciĂłn, salvo el año de 1862, despuĂ©s de ocurrida la batalla del 5 de mayo, cuando hubo varias ceremonias festivas por este triunfo, y de 1863 por el sitio de Puebla, porque las arcas del Ayuntamiento quedaron en saldos rojos; nuevamente se insistiĂł en 1864.
Fuentes consultadas
Archivos
Archivo General de la NaciĂłn
Archivo General Municipal de Puebla
Archivo del Congreso del Estado
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2 Este artĂculo originalmente apareciĂł en el libro La IntervenciĂłn Francesa en MĂ©xico. En el sesquicentenario de la batalla del 5 de mayo, publicado por la BUAP en 2012. Agradecemos la autorizaciĂłn de la autora para reproducirlo en este nĂşmero.
3 Felipe Teixidor, Viajeros mexicanos (siglos XIX y XX), México, Editorial Porrúa (Colección Sepan Cuantos, 350), p. 21.
4 Ibidem, p. 30.
5 Orlando Ortiz, Diré adiós a los señores, Vida cotidiana en la época de Maximiliano y Carlota. México, Conaculta, 1999, p. 43.
6 Ignacio Ibarra Mazari, Crónica de la Puebla de los ángeles según testimonios de algunos viajeros que la visitaron entre los años de 1540 a 1960. Puebla, V Centenario, Comisión Puebla, Gobierno del Estado de Puebla, 1992, p. 273.
7 Ibid, p. 273.
8 Gustavo Baz y y E. L. Gallo, Historia del Ferrocarril Mexicano. Estudios cientĂficos, histĂłricos y estadĂsticos. MĂ©xico, editorial Cosmos 1975, p. 17.
9 John Gresham Chapman, La construcciĂłn del Ferrocarril Mexicano, (1837-1880). MĂ©xico: SecretarĂa de EducaciĂłn PĂşblica (SepSetentas, 209), 1975, p. 16-17.
10 Estatutos de la CompañĂa del Ferro-Carril de MĂ©xico a Puebla aprobada por decreto de 5 de abril de 1861. MĂ©xico, Ignacio Cumplido, 1861, p.5. Biblioteca Especializada, CEDIF, CNPPCF, SecretarĂa de Cultura.
11 Archivo General Municipal de Puebla (AGMP, en adelante), volumen 128, Año 1861, septiembre 20 de 1861 F. 28 a.
12 AGMP, ibid.., septiembre 27 de 1861, f. 74.
13 AGMP, Ibid., 25 de abril de 1861, F. 12 a/r.
14 Sobre este sitio véase a Luis Chávez Orozco, El sitio de Puebla en 1863. Puebla, Secretaria de Cultura, Gobierno del Estado de Puebla, 2007.
15 AGMP, SesiĂłn viernes 18 de enero de 1864, F.17 r 18 a. Desde 1857 llegĂł a MĂ©xico el coronel americano Talcott en uniĂłn de otros ingenieros, entre los que se encontraban Mr. Every Lyons y Mr. Wimmer, quienes emprendieron el reconocimiento del terreno, por el rumbo de Orizaba, mientras el ingeniero Almazán lo hacĂa por Jalapa. VĂ©ase Sergio Ortiz, señala que fue por decreto del 31 de agosto de 1857 cuando se refundieron las concesiones, op. cit., p. 66.
16 AGM, Volumen 131 año 1864, Sesión viernes 18 de enero de 1864, F. 17 r 18 a.
17 AGMP, Volumen 131 año 1864. Sesión abril 22 de 1864, F. 74r 75 a.
18 AGMP, volumen 131 año 1864. Sesión 26 de septiembre de 1864 F. 154 a/r.
19 AGMP, volumen 131 año 1864. Sesión 30 de septiembre de 1864, F. 156 a.
20 AGMP, volumen 131 año 1864. Sesión 14 de octubre de 1864, F. 160 r.
21 AGMP, volumen 132 año 1865 parte 3. Sesión 15 de septiembre de 1865, Foja 180r.
22 J. Gresham Chapman, op.cit., pp. 67-68.
23 Ibidem, p. 69.
24 Ibidem, p. 99.
25 Orlando Ortiz, op. cit., p. 31.
26 Ibidem, p. 33.
27 J. Gresham Chapman, op. cit., p.109. TĂłmese en cuenta que en abril de 1865 se aprobĂł una nueva concesiĂłn para que la CompañĂa estableciera tranvĂas urbanos en la Ciudad de MĂ©xico, producto del mejoramiento en las relaciones entre la empresa y el gobierno imperial, Orlando Ortiz, op. cit., p. 113.
28 Un trabajo amplio sobre los tranvĂas en Puebla se encuentra en Gloria Tirado Villegas, 1996, 143 pp. En 1878 el Gobierno del Estado emitiĂł un decreto, junto con la iniciativa de ley del 3 de julio del mismo año, en el que autorizaba que los materiales de construcciĂłn que se destinaran al ferrocarril urbano estarĂan exentos de pago y de toda clase de contribuciones. Incluso el ejecutivo organizĂł los primeros trabajos de construcciĂłn. PeriĂłdico oficial del gobierno del Estado libre y soberano de Puebla, 3 y 7 de julio de 1878.
29 AGMP, volumen 132 año 1865 parte 3. Sesión 27 de octubre de 1865, Foja 197 a.
30 J. Gresham Chapman, op.cit., pp. 110-111.
31 Ibidem, p. 125.
32 AGMP, volumen 134, Actas de Cabildo. SesiĂłn 20 de diciembre de 1867, foja 155r 156 a/r.
33 Maximiliano fue juzgado y ejecutado en el Cerro de las Campanas en Querétaro el 19 de junio de 1867, Carmen Collado, 1987, pp. 30-33.
34 Decreto No. 895, vol. I, 1868. ColecciĂłn AmorĂłs De Negre, Biblioteca Especializada, CEDIF, CNPPCF, SecretarĂa de Cultura
35 AGMP, vol.135 Actas de Cabildo, SesiĂłn del 24 de enero de 1868, fojas 42-43.
36 AGMP, vol. 135, Actas de Cabildo. SesiĂłn extraordinaria del 7 de noviembre de 1868, fojas 313-314 y315
37 Francisco R. CalderĂłn, quien realizĂł uno de los estudios más detallados sobre los ferrocarriles, refiere que la polĂtica de esos años muy posiblemente estuvo inspirada por el proyecto que el ingeniero Mariano TĂ©llez Pizarro presentĂł al Ministerio de Fomento para construir por su cuenta ocho ramalitos de vĂa modelo tracciĂłn de sangre, concurrentes todos a la lĂnea principal del Ferrocarril Mexicano, en el tramo comprendido entre Boca del Monte y MĂ©xico, esas vĂas proyectadas fueron: San AndrĂ©s Chalchicomula, de Rinconada a Tecamachalco, de San Marcos a San Martin Texmelucan, de Ometusco a Pachuca, de Tepexpan a Texcoco, y el de Esperanza a Tehuacán. Seis de las ocho vĂas mencionadas cruzarĂan por el estado poblano. VĂ©ase Francisco R. CalderĂłn, “V. Los ferrocarriles”, en Historia moderna de MĂ©xico, Tomo El porfiriato, vida econĂłmica, (3a ed.), Daniel CosĂo Villegas (coord.). MĂ©xico: Hermes, MĂ©xico-Buenos Aires, 1985, p. 488.
38 AGMP, vol.135, Actas de Cabildo. PelĂcano del dĂa 10 de agosto de 1869, foja 527. No sobra decir que desde 1862 se formĂł la Junta PatriĂłtica presidida por el ciudadano jefe polĂtico, para arreglar el programa de festejos, por la batalla del 5 de Mayo. Casi todo el año hubo diversas festividades con ese motivo, y casi todos los integrantes de la Junta PatriĂłtica permanecieron hasta 1869. VĂ©ase BoletĂn oficial del Gobierno del Estado Libre y Soberano de Puebla. Puebla, mayo 23 de 1862. Tomo. 13, nĂşmero 16, fojas 22 y 23. pp. 2, 3 y 4.
39 Emma Yanes Rizo, De estaciĂłn a Museo. Puebla, Museo Nacional de los Ferrocarriles Mexicanos-SĂntesis (Cuadernillos del Museo, nĂşm. 2), 1993, p. 21.
40 AGMP, Vol. 135 Actas de Cabildo. SesiĂłn pĂşblica ordinaria del dĂa 7 de Setiembre de 1869, foja 548.
41 Ibidem, p. 19.
42 Ibidem, p. 19.
43 Ignacio Manuel Altamirano, CrĂłnica de las fiestas de setiembre en MĂ©xico y Puebla,1869. Puebla, Gobierno del Estado de Puebla, SecretarĂa de Cultura (Lecturas histĂłricas, 6), 1987.
44 Pero las impresiones que en Puebla y MĂ©xico han experimentado al presenciar en sus calles la solemne entrada del nuevo soberano, no han podido ser sentidas en QuerĂ©taro, Guadalajara, Zacatecas, San Luis y LeĂłn con la misma fuerza y presteza. Las poblaciones meridionales, y entre Ă©stas principalmente las desoladas por la misma anarquĂa, necesitan más que las otras ver(..) la imagen benĂ©vola y consoladora de las instituciones que deben asegurar su dicha, y ver en la persona del monarca simpático de la visita. […]” en BoletĂn Oficial de la prefectura polĂtica del departamento de Puebla. Tomo 1. Puebla. MiĂ©rcoles 10 de agosto de 1864. NĂşm. 118, p. 4. El emperador saldrĂa de MĂ©xico por el 13 de agosto de 1864.
45 Fausto MarĂn Tamayo, (coord.) Puebla a travĂ©s de los siglos. Puebla, Ediciones culturales GarcĂa Valseca, 1962, p. 131.
46 Gresham Chapman, op. cit., pp. 17-18.
47 Uno de los trabajos más completos y confiables por las fuentes que utiliza es el de Francisco R. Calderón, op. cit., p. 488.
48 Archivo del Congreso del Estado (ACE en adelante), LegislaciĂłn de Ferrocarriles. ColecciĂłn de Leyes, Decretos… p. 576.
49 Decreto No. 893, vol. I, 1868. ColecciĂłn AmorĂłs De Negre, Biblioteca Especializada, CEDIF, CNPPCF, SecretarĂa de Cultura.
50 ACE, Legislación de…, op.cit., p. 30.
51 Francisco R. CalderĂłn, op. cit., pp. 1094-1095.
52 “InauguraciĂłn”, en el PeriĂłdico Oficial del Gobierno del Estado de Puebla (POGEP), 6 de noviembre de 1878. Una visiĂłn más detallada de este ferrocarril de tracciĂłn de sangre se encuentra en Gloria Tirado Villegas, El ferrocarril Puebla-IzĂşcar de Matamoros, 1868-1910. Puebla, Gobierno del Estado de Puebla, SecretarĂa de Cultura-ComisiĂłn V Centenario (Lecturas histĂłricas 77), 1992. VĂ©ase tambiĂ©n Tirado Villegas, Los efectos sociales del Ferrocarril Interoceánico. Puebla en el porfiriato. Puebla: BUAP-Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades, 2007.
53 Margarita UrĂas Hermosillo, “Manuel EscandĂłn: De las diligencias al ferrocarril. 1833-1862” en Ciro Cardoso et. al., coord., FormaciĂłn y desarrollo de la burguesĂa en MĂ©xico, MĂ©xico, Siglo XIX Editores, 1978, p. 31.
54 Emma Yanes Rizo, op.cit., pp. 19-20.
55 AGMP, volumen 134 Actas de Cabildo, SesiĂłn 2 de diciembre de 1867, F. 139 r 140a/r.
56 AGMP, volumen 134 Actas de Cabildo, Cabildo Extraordinario del 7 de diciembre de 1867, Foja 145 a/r.
57 Enrique Juan Palacios, Puebla su territorio y sus habitantes. Puebla, Junta de Mejoramiento moral, cĂvico y material del Municipio de Puebla, 1982, p. 242.